La sinfonia inconclusa

La sinfonía inconclusa de Schubert es una obra infaltable en el repertorio de la música comunmente llamada “clásica”.
La estructura sinfónica “clásica” exige tres movimientos, de los cuales el intermedio, tradicionalmente, es el “tempo lento”.
Pues bien, la inconclusa tiene solo dos movimientos, y se sabe que no fue compuesta por Schubert con dos movimientos, sino con tres… pero del tercer movimiento solo quedan bosquejos.
¿Impide eso que se ejecute actualmente?: En absoluto. La “inconclusa” (como familiarmente se la conoce) es una obra de fuste, admirada, aplaudida, elogiada, estudiada.
Nadie pensó (al menos seriamente) en agregarle el tiempo del que carece.
Simplemente “es así”. Punto.
Y (no necesito hacer nombres) hay centenares de obras sinfónicas “completas” que han quedado en el olvido. No integran ningún repertorio. No se tocan nunca o casi nunca. No existen grabaciones.
Sin embargo, no encuentro ejemplo mas descriptivo que este para analizar un interrogante que desvela a muchos hombres y mujeres:
Descubrir porqué nos enamoramos de personas que reúnen caracteres que nos agradan pero a las cuales les faltan otros.
Otros caracteres que SÍ tienen esas personas “perfectas”… de las cuales no nos enamoraríamos ni a palos.
Tengo una amiga que sale, hace varios años, con un tipo unos diez años mayor que ella. Su relación es (por ser delicado) “errática”.
El puede pasar tres noches en casa de ella y después desaparece un mes…. Y al cabo del mes ella recibe media docena de SMS en su celular: es él proponiéndole verla.
¿Qué hace ella?: Se ven, salen a cenar, van al cine, cojen…
¿Está mi amiga feliz con este tipo de relación?: NO, ni a palos!
Es mas, entre lamentos me ha planteado que querría que el fuese mas constante, que estuviera pendiente de ella a diario, que la “contuviese”… incluso (ha llegado a decírmelo) que él le propusiera matrimonio.
¿Qué le dije yo?: – “El día que él haga todo eso, el día que te llame a diario, el día que te pase a buscar por tu oficina todas las tardes, el día que aparezca todas las noches en tu casa, el día que te proponga compartir la vida… Ese será el día en que vengas a verme para preguntarme como carajo podés hacer para sacártelo de encima sin herir sus sentimientos.”
¿Qué me contestó ella cuando le dije esto?: -“La puta madre… tenés razón”.
Veraneando hace un par de años en Punta del Este (ciudad balnearia que en las última década tuvo un auge inmobiliario desconcertante del cual derivó una cordillera de edificios en altura) tuve oportunidad de hablar con una anciana residente que reconocía medio siglo de veranos junto al mar.
Giré para señalarle los edificios y le pregunté (imaginándola nostalgiosa, como suele serlo la mayoría de las personas de edad) “¿Cómo era Punta del Este antes de que se levantaran todos estos edificios?”
¿Saben que me contestó?: -“Mire… era un aburrimiento mortal. No había restaurantes, no había movimiento, no había nada que hacer durante el mes, fuera de cortar el pasto o mirar el mar”
Y sin embargo, les aseguro estoy cansado de escuchar críticas a los nuevos edificios, y a la pérdida de los “viejos buenos tiempos” del balneario.
Conclusión: Todos protestan de los edificios, del movimiento, de la “movida”…. Pero gracias a Dios que están!!!!!!
Con las personas, pasa lo mismo:
El tipo ideal no va al futbol con amigotes. Se queda en la casa ayudando a la mujer.
Dígame alguna mujer: Este “tipo ideal” ¿no le rompe soberanamente las pelotas quedándose los domingos en casa en lugar de ir al futbol como cualquier otro hijo de puta?
Claro que si!.
De una persona nos gusta lo que tiene… y nos gusta lo que no tiene, lo que le falta.
Casi, casi, como la Sinfonía Inconclusa.
El “hombre perfecto”, de tan “perfecto”… no es perfecto.
Por eso los novios perfectos están desolados viendo como las mujeres que aman se van detrás de vagos, borrachos, mujeriegos, inconstantes…
Por eso tengo amigas que putean cuando el novio se fue “detrás de esa hija de puta ¡¡que le vió!!”
Y bueno (les digo)… posiblemente le vio lo hija de puta que era… y eso lo enamoró. Vos no podés comprenderlo porque no sos (ni serás jamás) una hija de puta.
Obvio: ¿es una virtud ser hijo de puta?
No… no lo es… pero ¿quién dijo que las personas, las cosas (o las sinfonías) tienen que ser “perfectas”? (según los cánones clásicos de la perfección).
Una novia de reciente relación (la historia es antigua, la relación era reciente, recién empezábamos a salir ella y yo) pretendió un día dejarme cuando vió que me servía un whisky.
“No quiero salir con tipos que toman”, me dijo decidida.
¿Piensan que yo derramé el whisky, acaso? (ni mamado desperdiciaba un “pure malt”, casi ninguna mina se compara a un buen “pure malt”).
No. Simplemente le dije que terminásemos ahí. Que no saliese mas conmigo, si lo que no quería era salir con un tipo que bebiese.
¿Creen que se fue?: Ni ahí. Cambió de tema. No me dejó.
Es mas, meses después terminé dejándola yo.
Y (les pregunto) ¿Creen que dejando yo de beber la hubiese mantenido a mi lado?
Les aseguro que no: El hombre no necesita ser perfecto (ni el hombre, ni la mujer, ni la sinfonía de Schubert).
Termino con una anécdota que no muchos conocen: En la ciudad de Buenos Aires, un famoso arquitecto y artista plástico contemporáneo (Clorindo Testa) ganó el concurso para levantar el edificio de la Biblioteca Nacional.
Biblioteca que hoy se alza sobre Avenida del Libertador, frente a los parques.
Pues bien, esa biblioteca tardó varias décadas en completarse. La terminación de la Biblioteca Nacional era una meta “mítica” de personajes de la cultura. Era bandera de toda la oposición política (hasta que se tornaba oficialismo). Era un “deber” insoslayable de todo gobernante hablar -emocionado- del “deber cívico de concluir la Biblioteca Nacional”.
Era constante reclamo de un famoso periodista radial y televisivo (Bernardo Neustadt).
Pero el bendito edificio seguía inconcluso, varios lustros después de haberse iniciado.
Un inolvidable humorista (Tato Bores) hablaba con ironía en su popular programa semanal de la Biblioteca Nacional. Año tras año. Ni recuerdo ya cuantos programas le “salvó” el sempiterno tema de la Biblioteca Nacional.
En alguna temporada, Tato convocó a un personaje notable: Federico Manuel Peralta Ramos.
Una persona de excelente prosapia, de una familia patricia, y un “bon vivant”… pero muy delirante (para los que no lo recuerdan, es la imagen que uno se haría de un interno que se escapa del siquiátrico saltando un muro y anda suelto divagando por ahí).
Cuando Tato, en uno de sus diálogos desopilantes con Federico le plantea, casi a alaridos (muy del estilo de Tato): “¡¡¡Federico!!! ¿¿¿Cómo podemos hacer para terminar la Biblioteca Nacional???!!!!!, la respuesta de éste fue espectacular.
Hizo un largo silencio. Clavó sus ojos alucinados en la cara de Tato y dijo esto: “Declarémosla terminada así como está…. ¡y empecemos a usarla!”
Hizo falta un delirante para encontrar la salida que ningún cuerdo podía siquiera comenzar a analizar: ¡DECLARÉMOSLA TERMINADA ASÍ COMO ESTÁ, Y EMPECEMOS A USARLA!
Y (volviendo al tema): ¿No es este el “secreto” de una relación de pareja duradera?
Aceptar las cosas como son y empezar a disfrutarlas…. como son.
Por eso lo mejor que podemos hacer en la vida es ser como somos. No necesitamos simular lo que no somos. No necesitamos “cambiar” para agradarle a ella o a él…
Declarémonos terminados y empecemos a usarnos, que joder!
Como hizo Schubert, sin ir mas lejos.
Hasta la próxima!
Fuente Original:
OrtBraker. La sinfonia inconclusa. Foro Amor y Pareja. Mayo 2009













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