Historias y Cuentos

La princesa y el plebeyo

20 Oct , 2011  

Cuentan que una bella princesa estaba buscando consorte (conyugue). Aristócratas y adinerados señores habían llegado de todas partes para ofrecer sus maravillosos regalos: Joyas, tierras, ejércitos y tronos conformaban los obsequios para conquistar a tan especial criatura.

Entre los candidatos se encontraba un joven plebeyo, que no tenía más riquezas que amor y perseverancia.

Cuando le llegó el momento de hablar, dijo: “Princesa, te he amado toda mi vida. Como soy un hombre pobre y no tengo tesoros para darte,
te ofrezco mi sacrificio como prueba de amor

Estaré cien días sentado bajo tu ventana, sin más alimentos que la lluvia y sin más ropas que las que llevo puestas, esa es mi dote…”

La princesa, conmovida por semejante gesto de amor, decidió aceptar. “Tendrás tu oportunidad: Si pasas la prueba, me desposarás”.

Así pasaron las horas y los días. El pretendiente estuvo sentado, soportando los vientos, la nieve y las noches heladas.

Sin pestañear, con la vista fija en el balcón de su amada, el valiente vasallo siguió firme en su empeño, sin desfallecer un momento. De vez en cuando la cortina de la ventana real dejaba traslucir la esbelta figura de la princesa, la cual, con un noble gesto y una sonrisa, aprobaba la faena.

Todo iba a las mil maravillas. Incluso algunos optimistas habían comenzado a planear los festejos.

Al llegar el día noventa y nueve, los pobladores de la zona habían salido a animar al próximo monarca. Todo era alegría y jolgorio, hasta que de pronto, cuando faltaba una hora para cumplirse el plazo, ante la mirada atónita de los asistentes y la perplejidad de la princesa, el joven se levantó y sin dar explicación alguna, se alejó lentamente del lugar.

Unas semanas después, mientras deambulaba por un solitario camino, un niño de la comarca lo alcanzó y le preguntó a quemarropa: ¿Qué te ocurrió? Estabas a un paso de lograr la meta, ¿Por qué perdiste esa oportunidad? ¿Por qué te retiraste?

Con profunda consternación y lágrimas mal disimuladas. El plebeyo contestó en voz baja: La princesa no me ahorró ni un día de sufrimiento, ni siquiera una hora. No merecía mi amor.

Moraleja:

Cuando ames a una mujer y sientas que para mantener a esa mujer a tu lado tienes que sufrir, sacrificar tu esencia y hasta rogar, aunque te duela, retírate. Y no tanto porque las cosas se tornen difíciles, sino porque quien no te haga sentir valorado, quien no sea capaz de dar lo mismo que tú, quien no pueda establecer el mismo compromiso, la misma entrega, simplemente. NO TE MERECE.

Historias y Cuentos

Un dia

31 Dic , 2009  

Sebastián se despertó con la imagen mental del estadio repleto de banderas de su equipo. Eso no era casualidad. Su mejor amigo había conseguido plateas gratis para el importante partido que se jugaría esa tarde. Cuánto tiempo hacía que no iba a la cancha!!!

Salió de la cama, levantó la persiana y pensó que esas nubes en el horizonte no eran para nada amenazantes y sin dudas no le aguarían la tarde de fútbol.

Fue a la cocina a prepararse el desayuno. Puso el agua…las tostadas….pero no encontró el frasco de café.
-Mamá!! ¿no hay café? –gritó
-Buen día primero ¿no? –le dijo su madre desde su habitación con tono de reproche.
-Buen día –respondió Sebastián.
-El café está acá –le dijo su madre.

Y claro…el domingo sus padres desayunaban en la cama.

-¿Vas a la cancha con Marcos? –le preguntó su padre.
-Sí, al final le dieron las entradas.
-Bueno…vayan con cuidado…viste las cosas que pasan en la cancha…
-No pasa nada, vamos a una platea…olvidate.
-¿Te acostaste tarde anoche? –preguntó su mamá.
-No…más o menos…

La charla se vió interrumpida por el recuerdo de las tostadas sobre el tostador.
“La concha de la lora puta!!” pensó Sebas mientras tiraba las tostadas quemadas, abría la ventana de la cocina para que se fuera la baranda a quemado y ponía dos rodajas nuevas de pan, está vez con la promesa interna de no moverse de al lado.

Mientras desayunaba le vino a la mente el examen del próximo miércoles. Hacía rato que debería haber empezado a estudiar, pero siempre por una cosa o por otra postergaba ese arranque.
Iba a dedicar el día de hoy al estudio, pero las entradas para el partido habían postergado otra vez ese plan.
“Bueno…mañana sin falta y a full”, pensó Sebastián en un intento por no sentirse culpable.

Se duchó, miró televisión, almorzó con su familia y a las tres de la tarde partió con su amigo rumbo al estadio.

Sebas y Marcos regresaban a las seis y media con una sonrisa de oreja a oreja. Su equipo no solo le había ganado dos a cero a su eterno rival sino que además llegaba a igualar al puntero de la tabla.

Al llegar se cruzaron en la puerta con el papá de Sebastián.
-¿Dónde vas? Preguntó Sebas.
-A la canicería…vienen tus tíos con tu primo y tengo ganas de preparar un asadito.
-Uh, que bueno….te acompaño…¿Te prendés Marcos?
-Sebas…el día que le diga que no a un asado, intername.

Así partieron los tres en busca de chori, morcilla, molleja, asado y vacío. Y por supuesto la infaltable picadita con Gancia para ir comiendo mientras se escucha el crepitar del carbón.

Cuando a la noche se metió en la cama se dio cuenta que se había perdido “fútbol de primera”.

-Y bueno…todo no se puede –pensó mientras tomaba el control remoto para hacer algo de zapping antes de quedarse dormido.
De todas formas en un canal de cable pudo ver nuevamente los goles…luego cambió a una película que ya había visto un par de veces y con el televisor programado para apagarse a la una de la mañana, se quedó dormido a las doce y media.

Ese había sido un día verdaderamente importante para Sebastián. Había sido el día que estuvo esperando durante mucho tiempo. No por el partido…ni por el asado…sino porque fue el primer día en el que en ningún momento pensó en Verónica.

Y que cosa ¿no?…como no podía ser de otra manera, ese tan importante y esperado día había transcurrido sin que ni siquiera se diera cuenta.

Fuente Original:

Fabio Fusaro. Un dia. El sitio para recuperar a tu ex novia o recuperarte de ella. Octubre 2008

Historias y Cuentos

La isla de las emociones y los sentimientos (Jorge Bucay)

19 Nov , 2009  

Hubo una vez, una isla donde habitaban todas las emociones y todos los sentimientos humanos que existen. Convivían por supuesto, el temor, la sabiduría, el amor, la angustia, la envidia, el odio… Todos estaban allí. A pesar de los roces naturales de la convivencia, la vida era sumamente tranquila e incluso previsible. A veces la Rutina hacía que el Aburrimiento se quedara dormido o el Impulso armaba algún escándalo, pero muchas veces la Constancia lograba aquietar el Descontento.

Un día, inesperadamente para todos los habitantes de la isla, el Conocimiento convocó una reunión. Cuando la Distracción se dio por enterada y la Pereza llegó al lugar de encuentro, todos estuvieron presentes. Entonces el Conocimiento dijo:- Tengo una mala noticia que darles, la isla se hunde. Todas las emociones que vivían en la isla dijeron:-¡No, cómo puede ser! ¡Si nosotros vivimos aquí desde siempre! El Conocimiento repitió:- La isla se hunde. -¡Pero no puede ser! ¡Quizá estás equivocado! – el Conocimiento casi nunca se equivoca – dijo la Conciencia dándose cuenta de la verdad-. Si él dice que se hunde, debe ser porque se hunde. -¿Pero que vamos hacer ahora?- Se preguntaron los demás. Entonces el Conocimiento contestó: -Por supuesto, cada uno puede hacer lo que quiera, pero yo les sugiero que busquen la manera de dejar la isla… Construyan un barco, un bote, una balsa o algo que les permita irse, porque el que permanezca en la isla desaparecerá con ella. -¿No podrías ayudarnos? – Preguntaron todos, porque confiaban en su capacidad. – No- dijo el Conocimiento-, la Previsión y yo hemos construido un avión y en cuanto termine de decirles esto volaremos hasta la isla mas cercana.

Las emociones dijeron:- ¡No! ¡Pero, no! ¿Qué será de nosotras? Dicho esto, el Conocimiento se subió al avión con su socia y llevando de polizón al Miedo, que como no es tonto ya se había escondido en el motor, dejaron la isla. Todas las emociones, en efecto, se dedicaron a construir un bote, un barco, en velero…Todas…salvo el Amor.

Porque el Amor estaba tan relacionado con cada cosa de la isla que dijo:- Dejar esta isla…después de todo lo que viví aquí…¿Cómo podría yo dejar este arbolito, por ejemplo? Ahh…compartimos tantas cosas…

Y mientras las emociones se dedicaban a fabricar el medio para irse, el Amor se subió a cada árbol, olió cada rosa, se fue hasta la playa y se revolcó en la arena como solía hacerlo en otros tiempos. Tocó cada piedra…y acarició cada rama…Al llegar a la playa, exactamente desde donde el sol salía, su lugar favorito, quiso pensar con esa ingenuidad que tiene el amor.

-Quizá la isla se hunda por un ratito…y después resurja…¿Por qué no?- Y se quedo días y días midiendo la altura de la marea para revisar si el proceso de hundimiento no era reversible…

La isla se hundía cada vez mas…sin embargo el Amor no podía pensar en construir, porque estaba tan dolorido que solo era capaz de llorar y gemir por lo que perdería. Se le ocurrió entonces que la isla era muy grande y que aun cuando se hundiera un poco, siempre él podría refugiarse en la zona mas alta…cualquier cosa era mejor que tener que irse. Una pequeña renuncia nunca había sido un problema para él. Así que, una vez mas, tocó las piedrecitas de la orilla…y se arrastró por la arena…y otra vez se mojó los pies en la pequeña playa que antes fue enorme…

Luego, sin darse demasiado cuenta de su renuncia, caminó hacia la parte norte de la isla, que si bien no era la que mas le gustaba, era la mas elevada…

Y la isla se hundía cada día un poco más…y el Amor se refugiaba cada día en un espacio más pequeño…- después de tantas cosas que pasamos juntos- le reprochó a la isla.

Hasta que, finalmente sólo quedó una minúscula porción de suelo firme, el resto había sido tapado completamente por el agua. Justo en ese momento el Amor se dio cuenta de que la isla se estaba hundiendo de verdad. Comprendió que, si no dejaba la isla, el amor desaparecería para siempre de la faz de la tierra…

Caminando entre senderos anegados y saltando enormes charcos de agua, el Amor se dirigió a la bahía.

Ya no había posibilidad de construirse una salida como la de todos, había perdido demasiado tiempo en negar lo que perdía y en llorar lo que desaparecía poco a poco ante sus ojos.

Desde allí podría ver pasar a sus compañeros en las embarcaciones. Tenía la esperanza de explicar su situación y de que alguno de sus compañeros le comprendiera y le llevara.

Observando el mar, vio venir el barco de la riqueza y le hizo señas. La Riqueza se acercó un poquito a la bahía. –Riqueza, tu que tienes un barco tan grande, ¿no me llevarías hasta la isla vecina? Yo sufrí tanto la desaparición de esta isla que no pude fabricarme un bote…y la Riqueza le contesto:- estoy tan cargada de dinero, de joyas y de piedras preciosas, que no tengo lugar para ti, lo siento…-y siguió su camino sin mirar atrás.

El Amor siguió observando, y vio venir a la Vanidad en un barco hermoso, lleno de adornos y florecitas de todos los colores. Llamaba muchísimo la atención. El Amor se estiró un poco y gritó:- ¡Vanidad…Vanidad…llévame contigo! La Vanidad miró al Amor y le dijo:- me encantaría llevarte, pero…¡Tienes un aspecto!¡Estás tan desagradable! tan sucio y tan desaliñado, perdón pero creo que afearías mi barco- y se fue.

Y así el Amor pidió ayuda a cada una de las embarcaciones. A la Constancia, a la Sensualidad, a los Celos, a la Indignación y hasta al Odio. Y cuando pensó que ya nadie más pasaría, vio acercarse un barco muy pequeño, el último, el de la Tristeza.

Tristeza, hermana- le dijo- tu que me conoces tanto, tú no me abandonarás aquí, eres tan sensible como yo..¿Me llevarás contigo?
Y la Tristeza le contestó: – Yo te llevaría, te lo aseguro, pero estoy taaaaan triste…que prefiero estar sola- y sin decir más, se alejó.
Y el Amor, pobrecito, se dio cuenta de que por haberse quedado ligado a esas cosas que tanto amaba, él i la isla iban a hundirse en el mar hasta desaparecer. Entonces se sentó en el último pedacito que quedaba de su isla a esperar el final…

De pronto el Amor escuchó que alguien chistaba:- chst, chst, chst…

Era un desconocido viejito que le hacía señales desde un bote de remos. El Amor se sorprendió:- ¿A mi?- preguntó, llevándose una mano al pecho. –Si,si- dijo el viejito-, a ti. Ven conmigo, súbete a mi bote y rema conmigo, yo te salvo. El Amor le miró y quiso darle explicaciones:- Lo que pasó fue que yo me quedé…- Entiendo- dijo el viejito sin dejarle terminar la frase-, sube.

El Amor subió al bote y juntos empezaron a remar para alejarse de la isla. No pasó mucho tiempo antes de ver como el último centímetro que quedaba a flote terminó de hundirse y la isla desaparecía para siempre.

Nunca volverá a existir una isla como esta – murmuró el Amor, quizá esperando que el viejito le contradijera y le diera alguna esperanza. – No- dijo el viejo, como esta, nunca.

Cuando llegaron a la isla vecina, el Amor comprendió que seguía vivo. Se dio cuenta de que iba a seguir existiendo. Giró sobre sus pies para agradecerle al viejecito, pero este, sin decir una palabra, se había marchado tan misteriosamente como había aparecido. Entonces, el Amor, muy intrigado, fue en busca de la Sabiduría para preguntarle:- ¿Cómo puede ser? Yo no lo conozco y él me salvó… Nadie comprendía que me hubiera quedado sin embarcación, pero él me ayudó, él me salvó y yo ni siquiera se quien es…La Sabiduría lo miró a los ojos un buen rato y dijo:- Él es el único capaz de conseguir que el amor sobreviva cuando el dolor de una perdida le hace creer que es imposible seguir adelante. El único capaz de darle una nueva oportunidad al amor cuando parece extinguirse. El que te salvó, Amor, es el Tiempo.

Referencias:

Jorge Bucay. La Isla de las emociones y los Sentimientos. Todo (no) termino. Santillana. 2004

Historias y Cuentos

Damian y el espejo

16 Jul , 2009  

Damián salió de la ducha y se paró frente al espejo.

Batió la crema de afeitar, se puso un poco en la mano y comenzó a pasársela por la cara.

Su cuerpo estaba ahí, pero su mente estaba en otro lado. En el mismo lugar que había estado durante las últimas seis semanas.

Un “Hola” proveniente de algún lado lo sacó de su letargo.

Giró la cabeza en un acto reflejo, pero obviamente no encontró a nadie. La voz le parecía extremadamente familiar.

-Acá, Damián, en frente tuyo –volvió a escuchar.

Casi con temor miró hacia delante y se encontró con la triste imagen de sí mismo que el espejo le devolvía.

-Sí nene, soy yo el que te habla…o sos vos, como quieras llamarle…tanto tiempo ¿no? –le dijo su reflejo.

La sensación de temor cambió inmediatamente por una mezcla de sorpresa, vergüenza y culpa.

-Me tenés olvidado, eh? –le dijo el del espejo con un tono que mezclaba el reproche con el dolor.

-No…bueno…un poco…vos sabés como viene la mano… -respondió Damián.

-Sí, claro que lo sé. Me acuerdo como nos gustó la pendeja esa el día que la conocimos.

-Y bueno, entonces me entendés.

-Vos dijiste “es un ángel”….y yo te dije “guarda tigre…andá con cuidado”, pero a partir de ahí te cortaste solo y te olvidaste de mí.

-Negro…no estoy para reproches…estoy hecho mierda… No estaba preparado para perderla… No puedo olvidarla…

-Dami…todos estamos preparados para perder cualquier cosa y para seguir adelante. Lo que no podemos es olvidarnos de nosotros mismos. Y vos te olvidaste completamente de mí. –le dijo el espejo.

-Sí, puede ser…

-¿Puede ser? ¿puede ser?…¿Cuántas veces estuviste parado acá mismo en frente mío y ni siquiera me miraste? ¿Cuántas veces intenté empezar a hablarte y ni siquiera me escuchaste?

-Es que ella era todo…

-Damián ¿Vos sos consciente de que yo soy la única persona que realmente puede ayudarte?

-Nadie puede ayudarme…la necesito tanto.

-Claro que nadie puede ayudarte. Nadie que esté afuera tuyo puede ayudarte. Solo te podés ayudar vos. Y yo soy vos….dame bola Damián…

-Es que sin ella no soy nada…

Los ojos de Damián comenzaron a humedecerse y su voz comenzó a sonar entrecortada.

-¡Damián, mirame! –le dijo la imagen del espejo con voz firme y enérgica.

Damián siguió mirando hacia abajo mientras sus lágrimas comenzaban a rodar por sus mejillas.

-¡Damián, la concha de tu madre! ¡Mirame a los ojos, carajo! –le gritó el espejo.

Levantó la vista y sus tristes ojos se encontraron con la imagen de otros dos ojos que sacaban chispas.

-¿De cuántas salimos juntos, pelotudo? ¿Cómo se te ocurre pensar que de ésta no vamos a salir también? –dijo su reflejo.

-Es que no sé…

-Dami…no quiero enojarme con vos –le dijo su imagen –pero ¿es que perdiste la memoria? ¿Te olvidaste todas las que pasamos y lo bien que nos fue?

-No…no es que me haya olvidado, pero…

-¿Ya te olvidaste toda las veces que fuimos juntos a dar un examen sin saber un carajo…y lo bien que la piloteamos? Y eso que decíamos “Nos van a hacer mierda”… pero cuando estábamos bien en sintonía uno con el otro no nos hacía mierda nadie.

-Es verdad –dijo Damián secándose una lágrima.

-¿Y te acordás lo que lloramos juntos aquella tarde en el Sanatorio?…pero bueno…la vida nos tira palos que hay que soportar a veces….pero si seguimos viviendo después de esa…¿cómo no vamos a remontar ésta?
Si tantas veces aprendimos que lo que no te mata te hace más fuerte…¿no nos vamos a olvidar ahora, no?

Damián se paró más derecho frente al espejo y mirando a su imagen a los ojos dijo:

-Perdoname

-¿Qué tengo que perdonarte?

-Haberme olvidado de vos….haberte dejado totalmente de lado poniendo todos mis sentidos en otra persona.

-No tengo nada que perdonarte….solo que me partía el alma verte tan desorientado, tan triste, tan dependiente…y no poder hacer nada. Me quedé afónico de gritarte, pero vos no me escuchabas…

-No es tarde para que arranquemos juntos de nuevo ¿verdad?

-¿Tarde? ¿Cómo va a ser tarde? Nunca es tarde.

-¿Sabés de que me estoy acordando? –preguntó Damián.

-¿De qué? –le respondió su imagen.

-Del día que nos entraron a afanar y vos me dijiste “Quedate quieto, boludo”….creo que me salvaste la vida…

-Sí…pero tuve motivos egoístas para hacerlo.

-Juaa…que pelotudo sos!! –se rió Damián.

-Juuaaa… -rió también el espejo.

-También me acuerdo cuando nos garchamos al bagarto aquel…

-De eso te acordarás vos….yo me olvidé…

-Juuaaa…hijo de puuuuta!!!

Ambos se quedaron mirando el uno al otro, hasta que la risa fue desapareciendo, convirtiéndose en una sonrisa alentadora.

-¿Y nene? ¿Vamo pa adelante? –dijo la imagen reflejada.

-Obvio que vamos, papá!! Y con los tapones de punta!! –respondió Damián.

Y así siguieron ambos, pasándose espuma por la cara…y luego la hojita cuidadosamente, en una sincronización perfecta. Ya no eran dos. Ya eran otra vez uno, pero habiéndose reencontrado el uno con el otro.

Damián terminó de afeitarse, se secó la cara, se vistió y se contemplo con orgullo, amor propio y admiración.

Fuente Original:

Fabio Fusaro. Damian y el espejo. El sitio para recuperar a tu ex novia o recuperarte de ella. Julio 2008

Historias y Cuentos

Vuelen juntos pero jamas atados: El Aguila y el Halcon

28 May , 2009  

Cuenta una vieja leyenda de los indios Sioux que una vez llegaron hasta la tienda del viejo brujo de la tribu, tomados de la mano, Toro Bravo, el más valiente y honorable de los jóvenes guerreros, y Nube Azul la hija del cacique y una de las más hermosas mujeres de la tribu.

– Nos amamos – empezó el joven

– Y nos vamos a casar – dijo ella

– Y nos queremos tanto que tenemos miedo. Queremos un hechizo, un conjuro, un talismán. Algo que nos garantice que podremos estar siempre juntos. Que nos asegure que estaremos uno al lado del otro hasta encontrar a Manitu el día de la muerte.

– Por favor – repitieron – hay algo que podamos hacer?

El viejo los miró y se emocionó de verlos tan jóvenes, tan enamorados, tan anhelantes esperando su palabra.

– Hay algo…- dijo el viejo después de una larga pausa – Pero no sé…es una tarea muy difícil y sacrificada.

– No importa – dijeron los dos – Lo que sea – ratificó Toro Bravo

– Bien – dijo el brujo – Nube Alta, ¿ves el monte al norte de nuestra aldea? Deberás escalarlo sola y sin más armas que una red y tus manos, y deberás cazar el halcón más hermoso y vigoroso del monte. Si lo atrapas, deberás traerlo aquí con vida el tercer día después de la luna llena. ¿Comprendiste?

La joven asintió en silencio.

– Y tú, Toro Bravo – siguió el brujo – deberás escalar la montaña del trueno; cuando llegues a la cima, encontrarás la más brava de todas las águilas y, solamente con tus manos y una red, deberás atraparla sin heridas y traerla ante mi, viva, el mismo día en que vendrá Nube Alta…salgan ahora!.

Los jóvenes se miraron con ternura y después de una fugaz sonrisa salieron a cumplir la misión encomendada, ella hacia el norte, él hacia el sur….

El día establecido, frente a la tienda del brujo, los dos jóvenes esperaban con sendas bolsas de tela que contenían las aves solicitadas.

El viejo les pidió que con mucho cuidado las sacaran de las bolsas. Los jóvenes lo hicieron y expusieron ante la aprobación del viejo las aves cazadas.

Eran verdaderamente hermosos ejemplares, sin duda lo mejor de su estirpe.

– ¿Volaban alto?- preguntó el brujo

– Si, sin dudas. Como lo pediste…¿y ahora? -preguntó el joven- ¿los mataremos y beberemos el honor de su sangre?

– No – dijo el viejo

– Los cocinaremos y comeremos el valor en su carne – propuso la joven.

– No – repitió el viejo. Harán lo que les digo: Tomen las aves y aténlas entre sí por las patas con estas tiras de cuero…Cuando las hayan anudado, suéltenlas y que vuelen libres.

El guerrero y la joven hicieron lo que se les pedía y soltaron los pájaros. El águila y el halcón intentaron levantar vuelo pero solo consiguieron revolcarse en el piso. Unos minutos después, irritadas por la incapacidad, las aves arremetieron a picotazos entre si hasta lastimarse.

– Este es el conjuro. Jamás olviden lo que han visto. Son ustedes como un águila y un halcón; si se atan el uno al otro, aunque lo hagan por amor, no sólo vivirán arrastrándose, sino que además, tarde o temprano, empezarán a lastimarse uno al otro. Si quieren que el amor entre ustedes perdure, “vuelen juntos pero jamás atados”.

Moraleja

Toda dependencia o adicción enferma, castra, incapacita, elimina criterios, degrada y somete, deprime, genera estrés, asusta, cansa, desgasta y, finalmente, acaba con todo residuo de humanidad disponible. (Walter Riso)

Recuerda que nada ni nadie es indispensable. Nada es vital para vivir porque cuando tú viniste a este mundo, llegaste sin ese adhesivo. Por lo tanto, es costumbre vivir pegado a él, y es un trabajo personal aprender a vivir sin él. (Paolo Coelho)

Historias y Cuentos

Lo que resistes, persiste en tu vida

12 Feb , 2009  

Un chico esquiaba en el mar, sujetado por una lancha. No sabía nadar, aunque traía puesto el chaleco salvavidas. De repente, el perdió el equilibrio y cayó al mar. Alcanzó a sujetarse de una de las cuerdas que la jalaban.

Se aferró a ella y fue arrastrada por el mar, al más puro estilo vaquero.

Los ayudantes le decían que soltara la cuerda, porque de lo contrario no podrían ayudarla.

El chico no lo hacía, porque tenía miedo de que le pasara algo si se soltaba. Pero a medida que pasaba el tiempo, se hacía más daño.

Finalmente el chico comprendió que se estaba lastimando. Soltó la cuerda. Y fue entonces cuando la pudieron ayudar.

¿Cuántas veces nos aferramos a algo, con la misma fuerza que el chico se aferraba a la cuerda y nos hacemos daño?

Lo que resistes, persiste en tu vida.

Cuando alguien te hace daño y lo sigues trayendo contigo, te sigue lastimando.

Esta frase encierra una gran verdad. Quizás un día cayó una lluvia que te mojó y te enfermaste. Y te sentiste molesto por unos días. Pero imaginate recordando con molestia esa lluvia el día de hoy, después de 10 años que pasó el aguacero…

¿No tiene sentido verdad? Se que este ejemplo es claro de entender. Pero no lo es cuando se aplica a nuestras experiencias emocionales del ayer.

Traemos una y otra vez la lluvia de desprecios e insultos del pasado. Nos seguimos torturando con la tormenta de desamor del ayer.

Seguimos culpando de nuestros fracasos a personas que… ¡ya se han ido de este mundo!

Lo que resistes, persiste en tu vida.

Eres esclavo de aquella que te inmoviliza y te hace sufrir. Al resistirte y dar mil vueltas al ¿Por qué me trató así? No es diferente a cuando una gata da vueltas sobre sí misma, buscando alcanzar su cola. Nunca lo logra y se detiene hasta que se cansa.

La naturaleza del amor es incomprensible y caprichosa. No te lamentes porque se ha ido. Agradece que por un instante llegó a tu vida, llenándola de emociones y nubes de color de rosa.

Busca las flores más bellas, en la montaña tapizada de desamor y espinas de tu vida. Y te garantizo que le encontrarás sentido.

Hay personas que cargan sus costumbres del ayer a la vida del hoy y no pueden ser felices.

Un sabio hindú a su discípulo: “Si te lamentas porque tienes sed, y el dolor te ciega para no ver lo que pasa a tu alrededor, cuando camines junto a un oasis, no lo vas a ver“.

Lo que resistes, persiste en tu vida… hasta que dejas de resistirlo.

Despide a ese amor que te alimentó en el ayer y ábrete a la posibilidad de probar suculentas experiencias el día de hoy.

Despide a esa persona que te lastimó en el pasado. Suelta la cuerda que te une a su lancha y que te ha estado lastimando por tanto tiempo.

Te recuperarás de tus heridas, para iniciar una nueva aventura.

Ya no resistas nada en tu vida. Déjalo ir, para que descanse tu espalda de las cargas del ayer y vuelvas a sentir… ¡la emoción de vivir el día de hoy!

Historias y Cuentos

Las cargas del pasado: Los dos monjes

9 Oct , 2008  

Un día dos monjes un maestro y su alumno regresaban a su templo y llegaron a la orilla de un rio donde se encontraron con una hermosa mujer, ella estaba llorando porque no había un puente, y no podía cruzar al otro lado, temerosa porque el rio había crecido y la corriente era fuerte..

Uno de los monjes el maestro se ofrecio amablemente “Si quieres te podemos cargar hasta el otro lado del río”. Así que los dos hombres juntaron sus manos, la levantaron entre los dos y la cargaron hasta el otro lado del río. Cuando llegaron al otro lado, la bajaron y ella siguió su camino.

Los monjes siguieron su camino en silencio, despues de varias horas , el maestro se percata de la actitud contrariada y distraída de su alumno, y le pregunta: – ¿Qué corre por tu mente, te ha sucedido algo?, después de un buen rato, dijo: “Mira mi ropa, esta toda sucia por haber cruzado a esa mujer por el río que ni siquiera nos dió las gracias!. Y mi espalda todavía me duele por haberla cargado. Siento que se me està acalambrando. ” El primer monje simplemente sonrió y asintió con su cabeza.

Un poco más adelante, nuevamente el alumno se quejó otra vez, “Mi espalda me duele tanto, y todo es porque tuvimos que cargar a esa loca mujer para cruzar el río! No puedo seguir adelante por el dolor.” El maestro miró a su alumno, que ya estaba tirado en el suelo quejándose y le dijo “¿Te has preguntado porqué yo no me estoy quejando?”

El maestro, con aire divertido, le contesta: “Tu espalda te duele porque todavía estás cargando a la mujer. Yo a ella la baje cuando cruzamos el río y tú sigues llevando su peso sobre tus hombros”

Morelaja:

¿Cuántas veces nos sucede lo mismo que al confundido alumno de la historia? Nos preguntamos demasiados POR QUÉS que normalmente no tienen respuestas, y por supuesto la ausencia de las mismas compromete la sanidad de nuestra existencia.

La propensión al POR QUÉ es derivación de una actitud que estanca la evolución de una persona debido a que catapulta una lucha imposible: hacer que el Universo gire alrededor de nuestros designios; evidentemente eso no es posible ni factible, y así entregamos nuestra vida a una causa perdida.

Es así como muchos aun siguen llevando las cargas del pasado por años y sus vidas están cansadas de ese peso. No cargues más tu amargura y aligera el peso de tu alma.

Deja la cargas de tu pasado en la otra orilla del río, no sigas cargando con ella. Nos sucedió lo que sucedió para crecer en nuestra vida.